El fenómeno de la maternidad adolescente

Maternidad Adolescente: Informe de población mundial y contexto local, UNFPA, 2013
Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2013: Enfrentar el desafío de la maternidad adolescente.

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En Argentina 2013 (información desde la imagen).

Las cifras no disminuyen a pesar de los programas y de la ley de educación sexual. Las razones que podrían explicarlo. La opinión de especialistas y funcionarios.

En el cine. Juno, película de 2007, trató el tema y dejó en claro que una adolescente no sabe lo que siente ni lo que quiere cuando queda embarazada. La contundencia de las estadísticas habla de realidades que pueden pasar desapercibidas, pero sólo hasta que la sociedad les presta atención. Cada año en la Argentina nacen 117.591 niños de madres adolescentes, a razón de 322 nacimientos por día y 13 bebés cada hora. Los datos surgen del informe Estado de la Población Mundial 2013, presentado hace apenas unos días por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). El trabajo aborda el embarazo adolescente y las consecuencias que produce en las generaciones más jóvenes de mujeres de todo el mundo.

Del análisis del informe surge que en el país “los partos provenientes de mujeres adolescentes representan el 15 por ciento del total de los nacimientos anuales. La maternidad en la adolescencia es más frecuente entre las jóvenes de sectores pobres y las que tienen menor nivel educativo”. Dicho estudio señala también que el “80 por ciento de las adolescentes que no tienen hijos asiste a la escuela, mientras que entre las adolescentes madres esa proporción es de 25 por ciento”.

Las desigualdades sociales aparecen como una de las causas principales de este fenómeno, ya que el estudio de población de Naciones Unidas destaca que “la proporción de madres entre las adolescentes con menor nivel educativo (primario completo o menos) al menos triplica a la que se observa en las adolescentes con secundaria incompleta y más, pese a que estas últimas tienen en promedio mayor de edad y por lo tanto mayor tiempo de exposición al riesgo de ser madres”.

La psicóloga especialista en maternidad, crianza y familia Marisa Russomando focaliza su análisis en la fragilidad adolescente. “Si bien frente a la noticia del embarazo de una adolescente los adultos nos vemos especialmente conmovidos, nos encontramos también con pocas herramientas para comprender las características propias de esta etapa fundamental. No sucede lo mismo con la niñez. Desde el nacimiento prestamos especial atención a cada detalle, tenemos muy presente la vulnerabilidad de los bebés y de su necesidad de adultos referentes para un crecimiento saludable”, explica la directora del Espacio La Cigüeña. “Pero olvidamos que el adolescente presenta una fragilidad similar a la del recién nacido. Para ambos todas las palabras y las miradas son importantes, y pueden comprometer de por vida sus relaciones y posiciones”, esgrime la licenciada.

El informe de Unicef publicado en julio de 2013 sobre “Situación del embarazo adolescente en la Argentina”, en base a datos de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud del Ministerio de Salud de la Nación, muestra que “en la Argentina, el porcentaje de recién nacidos de madres adolescentes (menores de 20 años) respecto al total de nacimientos no ha tenido mayores variaciones, manteniéndose en valores cercanos al 15 por ciento en los últimos 20 años. Sin embargo, el análisis global del país no da cuenta de la desigualdad entre las provincias, ya que el porcentaje de embarazo en adolescentes, para 2011, superó al promedio nacional en 6 de 24 provincias con valores superiores al 20 por ciento. Formosa y Chaco con 25 por ciento; Misiones con 22 y Catamarca, Corrientes y Santiago del Estero, con 21,2”.

La ciudad de Buenos Aires aparece, junto a las provincias de Corrientes y Formosa, mostrando “un ascenso del porcentaje de nacidos vivos de madres adolescentes superior al 20 por ciento, constituyendo junto a San Juan, las jurisdicciones con mayor incremento acumulado entre el año 2001 y 2011. La situación de Formosa es particularmente preocupante, porque las mujeres de esa provincia tienen 16 veces más riesgo de morir a lo largo de su vida reproductiva por causas relacionadas con el embarazo, el parto y el puerperio, que las mujeres que residen en la ciudad de Buenos Aires”, cita el documento. Y entre otras cuestiones resalta que “la tasa de fecundidad adolescente es un indicador que muestra las probabilidades de embarazos en esta población y puede analizarse según dos franjas etarias: adolescencia precoz (10 a 14 años) o adolescencia tardía (15 a 19 años). El análisis de este indicador en nuestro país muestra un incremento acumulado del 11 por ciento en los últimos 20 años, 5 puntos en la adolescencia precoz y uno en la tardía”.

Para Susana Checa, profesora consulta de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y especialista en adolescentes, género, sexualidad y derecho, “el embarazo en la adolescencia no disminuye como debería si existieran ciertas condiciones que retraigan considerablemente la inequidad y la pobreza. Hoy se encuentra en una meseta. La fecundidad adolescente en el censo 2010 mostró que en los menores que ocupan la franja que va de los 10 a los 15 años, la tasa de maternidad es mucho menor a la franja que va de los 15 a los 19 años, que es de 67 por mil nacidos vivos en todo el país. Sin embargo, hay provincias como Misiones que tienen 93 por mil. En cuanto a las menores de 15 años, si bien el porcentaje es bajo, son niñas abusadas. Y en términos absolutos representan en todo el país más de 3.000 chicas víctimas de violaciones o abusos. No existe aquí consentimiento alguno para quedar embarazadas”, explica la investigadora del Instituto Gino Germani. “Las adolescentes pertenecientes a sectores medios y altos, que están escolarizadas, tienen porcentajes mucho menores. Y ante casos de embarazos pueden recurrir a un aborto. Sin embargo las chicas de sectores carenciados continúan con esa maternidad. ¿Por qué no lo interrumpen? Para algunas ser madre les evita el rol de trabajar en la casa o de tener que cuidar a la familia. Es tener una identidad propia. Otras siguen porque no conocen sus derechos y otras porque tienen prejuicios a la hora de pedirle a su pareja sexual que use un condón o no pueden imponer el deseo de cuidarse. Sobre todo porque son vulnerables. A veces ocurre que no exigen cuidados anticonceptivos directamente porque no los saben usar”, señala Checa.

El informe de Unicef sostiene lo dicho por la investigadora: “En 2011, 36 adolescentes menores de 20 años fallecieron en la Argentina por causas vinculadas al embarazo o el parto, lo cual representa casi el 12 por ciento de la mortalidad materna en nuestro país”.

A siete años de la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral que atraviesa toda la etapa escolar con el fin de que los niños y adolescentes se informen sobre sus derechos, Susana Checa sostiene que “en muchas provincias no se aplica. Hay mucho desconocimiento del cuerpo y de la sexualidad. No se la vincula con el deseo y el cuidado. Muchas de esas chicas buscan –queriendo o no– quedar embarazadas. En cuanto a los chicos, si bien tiene información y conocen la existencia de métodos anticonceptivos, no los usan. Hay avances desde la sanción de la ley, pero aún queda camino por recorrer. En las muertes maternas el primer causante es el aborto, que sigue siendo clandestino”, cierra Checa.

Una encuesta del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires sobre más de 500 chicos demostró que los adolescentes de la provincia –el 98 por ciento– saben que usar el preservativo es la mejor forma de prevenir el HIV y el embarazo al mismo tiempo. Sin embargo, tres de cada diez se equivocan al creer que hay colocarlo minutos antes de la eyaculación. Del total de encuestados, el 95 por ciento estaba al tanto de que en los centros de salud y hospitales públicos se entregan gratis métodos anticonceptivos. Sin embargo, el 28 por ciento cree que los adolescentes sólo pueden obtener esos métodos si concurren a la consulta con un adulto responsable. En diálogo con Veintitrés, la coordinadora del programa provincial de Salud Sexual y Procreación Responsable del Ministerio de Salud, Marisa Matía, destacó que “a partir de los 14 años, que es la edad promedio de inicio sexual, todo chico o chica puede consultar y recibir métodos anticonceptivos, sin necesidad de que lo acompañe un adulto”.

En el horizonte, la educación aparece como una de las principales herramientas para contrarrestar los índices de embarazo adolescente en todo el país. Al respecto, Matía agrega: “No se ha registrado un incremento significativo en la provincia de Buenos Aires. Ha habido una evolución. Pero hay una franja que nos interesa particularmente, la de chicas menores de 14 años, en situaciones de abuso y violación que pueden derivar en un embarazo. Eso es de consideración y está relacionado con la violencia. Está demostrado que a mayor nivel educativo en edades tempranas, hay menos casos de embarazos adolescentes. La implementación de la ley ha sido heterogénea pero depende de cada provincia cómo la trabaja. Respecto de la opinión de los padres, hay sondeos que indican que la mayoría está de acuerdo con que esta educación se brinde, justamente porque son temas de difícil abordaje para ellos y prefieren que lo trabajen los docentes”.

La encuesta realizada con los adolescentes indaga sobre la información que manejaban los chicos y cómo interviene la educación sexual. Al respecto, la coordinadora de Salud provincial destacó: “Tienen información en relación a los métodos anticonceptivos, pero a la hora de usarlos falla esa información. La educación sexual tiene que hacer foco en estas cuestiones. Los pibes pueden tener información de distintas fuentes, padres, amigos, pero el tema es cómo se apropian de esa información y ahí es donde vuelve a ser primordial el rol de la escuela, para que se transforme en un conocimiento efectivo. La educación sexual debe ser un factor protector. Así como se debe garantizar el acceso permanente a la salud, cuando los chicos piden información anticonceptiva hay que brindarla con claridad y satisfacer sus preguntas” _____ Opinión - Etapa de definiciones, Marisa Russomando - Psicóloga especialista en maternidad, crianza y familia - www.marisarussomando.com.ar

La adolescencia es la etapa de definiciones acerca de la identidad: elección y despertar sexual, orientación vocacional y laboral, asunción del propio cuerpo, entre otros roles. De allí que una de las situaciones más frecuentes, por motivos ligados a lo cultural y a lo singular, sea la llegada de un embarazo muchas veces no deseado, como manifestación de no saber cuidarse, o respetarse, y no tener conciencia de la evaluación de consecuencias. La noticia seguramente sorprenderá a la familia y es esperable que la aceptación demande un tiempo antes de buscar y encontrar la posición más saludable para cada uno en esta historia. A partir de allí surgen las preguntas: ¿será el mejor momento?, ¿seré una buena madre? Cuando no se logra despejar el deseo propio, es importante apoyarse en la pareja, contar con la familia, conversar acerca de lo que despierta el embarazo en cada uno, y si es necesario, pedir ayuda profesional. A partir de esta llegada temprana a la maternidad se da un cambio en la manera de concebirla y se reconoce la necesidad de información, preparación, de independencia económica y emocional, ya que muchas veces surgen dificultades con los abuelos a la hora de establecer líneas autónomas de crianza. Por eso es fundamental el concepto de familia en su sentido acotado: que puedan construir con su pareja y decidir las cuestiones del embarazo y de la crianza según sus opiniones.

sic Fuente: Veintitres -  06.11.2013

 

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